Ayuda a la Iglesia que Sufre

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NUESTRA HISTORIA

Ayuda a la Iglesia que Sufre es una Fundación claramente diferente por su carácter eminentemente pastoral, centrada en ayudar a aquellas comunidades de la Iglesia que están especialmente necesitadas o sufren por causa de su fe.

Dependiente de la Congregación del Clero en la Santa Sede, Ayuda a la Iglesia que Sufre tiene oficinas en 20 países del mundo.

En nuestro origen está nuestra identidad: en la Navidad de 1947, nuestro fundador, el P. Werenfried van Straaten, un monje premonstratense holandés, escribe el artículo "No hay lugar en la posada", en el que denuncia la miseria en la que viven millones de refugiados alemanes tras la II Guerra Mundial, y que concluye invitando a la reconciliación entre los pueblos enfrentados durante el conflicto bélico.

Su lema fue "el hombre es mucho mejor de lo que pensamos". Con ese optimismo, se lanzó a pedir a los belgas una loncha de tocino para dársela a los refugiados alemanes, "sus enemigos de ayer". La respuesta no se hizo esperar y consiguió llenar de lonchas de tocino varios camiones. Esta acción le valió el cariñoso sobrenombre de "Padre Tocino", con el que se le conoció en todo el mundo hasta su fallecimiento. Había comenzado, sin saberlo, la obra ‘Ayuda a la Iglesia que sufre’.

El P. Werenfried repartiendo comida a los refugiados alemanesMision

La misión del P. Werenfried fue restaurar un amor que implicara el compromiso a favor de los hambrientos, los desheredados y los prisioneros, sin excluir a los enemigos. Hoy nuestro trabajo se ha extendido a más de 150 países del mundo, donde millones de personas carecen de lo necesario para su desarrollo humano y espiritual.



El siguiente paso fueron los famosos "coches-capilla", que eran auténticas parroquias con ruedas. En 1954 amplía sus campañas en favor de la Iglesia perseguida del Este de Europa.

Consiguió que miles de escolares flamencos apadrinaran a los llamados "sacerdotes de la mochila", que recorrían los pueblos atendiendo material y espiritualmente a miles de feligreses.

Estos sacerdotes pudieron disponer, primero de motocicletas y después de pequeños coches suministrados por los estudiantes.

En 1962, Ayuda a la Iglesia que Sufre extiende sus acciones a Iberoamérica por deseo de Juan XXIII. Entre 1965 y 1966 África se convierte en la meta de las inquietudes de P. Werenfried.


"Barco-Capilla" en el Río Volga

Con el apoyo de Juan Pablo II, comienza en 1994 una campaña de "ecumenismo práctico" con la Iglesia Ortodoxa rusa. El proyecto más espectacular ha sido la puesta en marcha de los "barcos capilla" que surcan hasta el día de hoy los ríos Volga y Don como iglesias flotantes.

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